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Existen sin duda numerosas razones por las que las oficinas domésticas no son todavía la norma, pero cuando se pregunta a empleados, empleadores e incluso autónomos por qué se han decidido en favor o en contra del teletrabajo, parece que se repiten los mismos argumentos una y otra vez.

Para los empleados y los autónomos

Trabajar desde casa plantea una oportunidad atractiva y las ventajas son evidentes. Los empleados ahorran tiempo de desplazamientos y no deben pagar combustible, billetes de tren, etc. Además pueden organizar su trabajo con mucha más flexibilidad.
Y aunque sus superiores fijen su horario, todavía pueden disfrutar de un ambiente de trabajo apacible en el que concentrarse mejor. De este modo, es más sencillo organizarse y evitar distracciones.

Según un estudio del Instituto Alemán de Investigación Laboral (IAB), el 38% de los empleados alemanes están dispuestos a trabajar más de lo acordado en sus contratos. Trabajar en casa es por lo general más relajado, los niveles de estrés son menores y en consecuencia ascienden la productividad y la motivación.

Asimismo, una oficina doméstica mejora la conciliación laboral y familiar. Los tiempos de desplazamiento reducidos y el cuidado de niños simplificado benefician a aquellos empleados que apenas ven a sus hijos durante la semana y que no pueden ayudar a su pareja si un familiar cae enfermo. Sin embargo, resulta esencial establecer normas para que todos los miembros de la familia sepan cuándo su pareja/progenitor está trabajando. Las interrupciones en el hogar pueden alterar el ritmo de trabajo del mismo modo que ocurre en una oficina.

Puede parecer difícil de creer al principio, pero el trabajo en casa puede suponer inconvenientes para el empleado, amén de las múltiples ventajas. Lo mismo cabe decir de las personas autónomas que dirigen sus negocios desde casa. El teletrabajo a largo plazo implica que pasan toda la jornada solos, y puede generarse un distanciamiento rápidamente entre ellos y sus colegas. Habrá personas que incluso se sientan aisladas.

Por muy aconsejable que parezca combinar la vida profesional y personal, se corre también el riesgo de no saber separar ambas como es debido. Algunas personas se apresuran a volver a la mesa de trabajo nada más terminar de cenar, u optan por hacer la colada por la mañana en lugar de abordar un proyecto importante. Si usted se sorprende actuando así con frecuencia, es imperativo que profundice en la autodisciplina; de lo contrario, todo su empeño por trabajar desde casa podría fracasar.

Para los empleadores

 

Es posible que a los empleadores habituados a conocer la ubicación exacta de su personal en todo momento les cueste afrontar la supuesta pérdida de control sobre los empleados que trabajan desde casa. Cuando todo el mundo acude a la misma oficina, es más fácil comprobar que todos están presentes.

La falta de confianza suele ser el principal escollo. Conviene cultivar la solidaridad entre equipos y la confianza entre individuos. Al fin y al cabo, la confianza no se consigue con el control.

Es cierto que la tecnología está muy presente y a menudo solo es posible acceder a datos sensibles desde la propia empresa. Los empleados fichan cuando llegan a la oficina y sus periodos de presencia se archivan de forma automática. Esto no es posible con las oficinas domésticas, por eso se diseñan sistemas de registro distintos que exigen responsabilidad por parte de todos.

Otro factor que disuade a las empresas de conceder acceso ilimitado a las oficinas en casa es el temor al trato desigual. Algunas tareas empresariales sencillamente no se pueden realizar desde casa. Por ejemplo, si un miembro del personal trabaja con datos que no pueden salir de la empresa bajo ninguna circunstancia o bien maneja una máquina en una planta de fabricación, ese empleado deberá desplazarse forzosamente hasta las instalaciones. Si el resto de empleados está trabajando desde casa, esa persona se sentirá en desventaja. Y es natural que esto dañe la relación con sus compañeros.

Según datos de una encuesta realizada por Bitcom y Toluna, alrededor del 46% de las empresas alemanas temen que la productividad pueda descender si sus empleados no pueden hablar entre sí. El trabajo en equipo genera nuevas ideas y puede derivar en fantásticas sinergias. Si una persona trabaja sola todo el tiempo, no recibirá aportaciones de otros. Las videollamadas y las reuniones virtuales y físicas regulares pueden servir de ayuda. La comunicación es vital.

Pese a los inconvenientes y los motivos para la preocupación, los empleadores pueden esperar el mismo número de ventajas si permiten el teletrabajo. Los empleados se sentirán mejor si se les ofrece la opción de trabajar en casa. Podrán repartirse mejor las tareas de cuidado de los niños si alguien cae enfermo o si suspenden las clases, e incluso trasladarse sin tener que renunciar a su empleo.
Esto tiene una incidencia muy favorable en las fluctuaciones que padecen los negocios. Además se refuerza el vínculo positivo entre empleadores y empleados. Cuando se da a un empleado la oportunidad de trabajar desde su hogar, este se siente valorado y estimado.

Muchas personas demuestran ser mucho más productivas cuando pueden trabajar desde casa sin molestias. En el hogar no hay tantas posibilidades de distraerse: desaparecen las charlas junto a la cafetera, las preguntas espontáneas o las conversaciones a varias bandas en una oficina diáfana. Un aspecto crucial es que el trabajador tenga la autodisciplina necesaria y no abuse de la confianza de su empleador. Si alguien no se muestra accesible en horario laboral y entrega los encargos tarde cuando trabaje desde casa, pronto habrá malgastado la oportunidad de beneficiarse del "nuevo modelo laboral".